Renunciar a medio millón voluntariamente

Dibujo de una persona se levanta de su escritorio y camina en dirección contraria al mismo.
Dibujo - Renuncia voluntaria.

Una creería que para renunciar a un trabajo de 450 mil dólares al año tienen que pasar cosas muy graves.

 

Que si porque tengo una oferta mejor o que el jefe me pide que me acueste con él/ella.

 

Sabes, cosas importantes y determinantes.

 

Pero la historia de Michael no tenía nada de eso.

 

Era un ingeniero de desarrollo en Netflix y después de dos años simplemente se aburrió.

 

Sí, dejó su trabajo porque estaba aburrido de hacerlo.

 

Fue algo así:

 

-Sr. Juan Netflix, ya no me gusta esto que me dice que haga, ¿puedo hacer otra cosa?
-No.
-Entonces me voy.
-No hay problema.

 

En una entrevista con Insider, Michael insiste en que su vida era tan monótona que el dinero ya no le compensaba el nivel de aburrimiento diario.

 

Lo que puede llegar a hacer una persona aburrida, no?

 

Ahora, una pregunta.

 

Si el aburrimiento tiene tanto poder.

 

¿Te imaginas cómo podría afectar a tu negocio?

 

¿Te imaginas el efecto que causaría una página de ventas aburrida?

 

¿Qué tal unos correos que hagan bostezar?

 

No solo estoy hablando de la falta de ventas, que es el efecto evidente.

 

Estoy hablando de dejar ese tufo de desagrado pegado a tu marca.

 

Para siempre.

 

Porque una vez que decidimos etiquetar algo en nuestras cabezas, se queda con esa etiqueta por mucho tiempo (a veces por siempre).

 

No tienes que creerme eso de las etiquetas, puedes preguntarle a las feministas.

 

O a los gays.

 

En fin, que mantener a la audiencia interesada en lo que cuentas no es una opción, ni siquiera es una estrategia de marketing.

 

Es una medida de supervivencia.

 

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